miércoles 19 de octubre de 2011

Invierno

Pues no sé ustedes, pero yo ya siento los días de invierno y he de confesar que me gustan mucho. Estos días soleados y con viento frío me recuerdan muchas cosas agradables, sin embargo, también me entra un poco la nostalgia por el fin de año. Y es que, últimamente para mí, el tiempo se ha pasado demasiado rápido. No sé si sea porque estoy ocupado la mayoría de los días o por alguna otra razón, pero el caso es que me puse a reflexionar un poco sobre el tiempo y creo que todos en algún punto hemos deseado que se detenga. Sobre todo en esos momentos de alegría y de paz. Uno quisiera vivirlos eternamente y que nada cambiara. La mala noticia es que todos los días son diferentes y las personas también evolucionamos física y mentalmente, lo que determina una conducta muy distinta frente a la misma situación. Sin embargo, creo que sí podemos detener el tiempo. ¿Cómo? En nuestra mente.
Y es que no hay otra forma de entender a esas personas que viven encapsuladas en el tiempo, o mejor dicho, en sus mejores tiempos. Son aquellas que se la pasan hablando de lo buenos que eran en esos años gloriosos, de cuando trabajaban en tal empresa de renombre, de cuando tenían el control de todo y de todos o de cuando se podía hacer lo que ahora ya no, etc. Creo que es posible quedarnos suspendidos en un tiempo determinado y no darnos cuenta de que todo va cambiando. La música, la moda, el lenguaje y la tecnología ni se diga. Creo que está en nosotros el renovarnos día con día y adaptarnos a las diferentes situaciones que se nos presentan. Al final de cuentas, es la única forma de seguir aprendiendo. Por lo tanto, tal vez es posible detener el tiempo, pero lo que no podemos detener es la vida. El día que despertemos y veamos todo lo que nos hemos perdido, quizás nos arrepintamos. La vida sigue su curso y no nos va estar esperando a que nos decidamos a vivirla. El tiempo se detiene, pero la vida no.